Gracias por compartir este enfoque, que resulta sugerente y necesario para seguir pensando la solidaridad más allá de su uso habitual.

Desde una perspectiva crítica, el texto acierta al señalar una tensión real: la desigual distribución de la atención y la empatía en el espacio público global. Es difícil negar que ciertos conflictos, víctimas o causas reciben una visibilidad amplificada mientras otros permanecen en la periferia mediática o política. En ese sentido, la idea de “solidaridad selectiva” funciona bien como alerta frente a los sesgos de la opinión pública, los marcos mediáticos y las agendas institucionales.

Ahora bien, también conviene matizar algunos puntos para no caer en una visión excesivamente homogénea del fenómeno. No toda diferencia de atención implica necesariamente hipocresía o cálculo moral. En muchos casos, la capacidad de respuesta social está condicionada por factores estructurales: proximidad geográfica, acceso a la información, vínculos históricos o incluso limitaciones prácticas de intervención. Es decir, la selectividad no siempre es solo ideológica o interesada; también puede ser el resultado de cómo funcionan los sistemas de comunicación y acción colectiva.

Además, la crítica podría profundizar aún más en una cuestión clave: no solo qué causas reciben solidaridad, sino qué tipo de solidaridad se ejerce (emocional, simbólica, material o política). A veces la visibilidad mediática no se traduce en acción real, y otras veces apoyos menos visibles generan impactos más sostenidos. Esa distinción ayudaría a complejizar el análisis.

En definitiva, el texto cumple bien su función provocadora al incomodar la idea de una solidaridad “pura” o universal. Pero quizá el reto no sea solo denunciar su carácter selectivo, sino preguntarse cómo construir formas de solidaridad más conscientes de sus propios límites sin perder eficacia ni capacidad de acción.

Responder